
Cuando el Amor propio es el único mapa de tu destino.
Pasamos demasiados años en guerra con el espejo.
Que si una línea de expresión por aquí, que si la piel ya no es tan firme por allá, que si el peso, que si las estrías… Hemos mirado nuestro cuerpo como si fuera un enemigo a abatir, un juez implacable o un examen que siempre terminamos suspendiendo por no alcanzar unos cánones diseñados para que nos sintamos insuficientes.
¿Y si cambiamos la mirada?
¿Y si empezamos a ver nuestro cuerpo como el templo que ha sostenido cada una de nuestras risas, nuestros abrazos y nuestras batallas?
Esas marcas en tu piel son los mapas de los lugares donde has amado, de las veces que has llorado y de los caminos que has recorrido.
Tu cuerpo NO eres Tú, no te define ni es un adorno para complacer la vista de los demás; es el vehículo de tu libertad. Es el que te permite abrazar a quienes quieres, bailar a medianoche y sentir el sol en la cara.
Hoy te invito a mirarte con ternura. Agradece a tus piernas por llevarte lejos, a tus manos por crear y a tu piel por protegerte.
Reconciliarte con tu cuerpo, amarlo, cuidarlo y protegerlo como se merece es el abrazo más cálido que te puedes dar.
