Las redes no siempre atrapan.

Vivimos en un mundo que demasiadas veces nos empuja a competir, a mirarnos de reojo, a medirnos entre nosotras por el éxito como si fuera un recurso escaso.

¡Qué gran mentira nos han contado!

El verdadero superpoder femenino se activa cuando dejamos de mirarnos como rivales y empezamos a vernos como espejos.

¿Te ha pasado alguna vez? Sentirte rota, entrar a una habitación llena de mujeres y, sin decir una sola palabra, saber que estás a salvo.

Hay un idioma secreto en nuestras miradas, una fatiga compartida que se alivia cuando otra te dice: «Te entiendo, a mí también me dio miedo».

No estás sola en la tormenta, aunque a veces el ruido de tus propios pensamientos te haga creer que sí.

Cada vez que una mujer se reencuentra, abre camino para las que vienen detrás. Cada vez que celebras el logro de una compañera, estás regando tu propio jardín. Las mujeres Galatea somos esa red invisible pero indestructible que te sostiene cuando las fuerzas flaquean. Somos el refugio y la chispa.

Juntas, no hay piedra que no podamos transformar en arte.