Encoger el alma para encajar no es vivir, es supervivencia.

Se nos va la vida esperando que alguien nos dé el pistoletazo de salida, o lo que es peor, el permiso para vivirla como consideremos oportuno.

Nos pasamos años estudiando carreras que no nos gustan, en trabajos que no nos satisfacen, con parejas en las que lo único que tenemos garantizado es que “tenemos pareja” pero nada más. Y esto con la única finalidad de ser aprobadas incluso por nuestros propio estándares prejuiciosos.

¿Para qué? Para que otros duerman tranquilos y nuestro ego nos deje en paz diciendo: “mira cómo sonríen, eso es porque lo estás haciendo bien”.

Nos vestimos de forma diferente para demostrar a otros que no somos como ellos. O igual, para demostrarles que sí lo somos y nos dejen pertenecer a sus “exclusivos” grupos de gente similar. Y esto con la única finalidad de ser aceptadas, sea en el club de los diferentes o en el de los iguales.

¿Para qué? Para que otros duerman tranquilos y nuestro ego nos deje en paz diciendo: “mira cómo sonríen, eso es porque les gusta cómo vas”.

Damos mil explicaciones a nuestras exparejas, examigos, exprofesores, exjefes, exfamilias. Nos justificamos ante todos para demostrar que no somos todo eso que ellos alegaron como razones de peso para dejar de ser lo que fueron, con la correspondiente dosis de culpabilidad sobre nuestros hombros. Y esto con la única finalidad de no ser juzgadas.

¿Para qué? Para que otros duerman tranquilos y nuestro ego nos deje en paz diciendo: “mira cómo sonríen, eso es porque les gusta cómo te comportas”.

Y así se nos va la vida.

Hasta que nos damos cuenta, en el mejor de los casos y si es que llega a ocurrir, antes de que hayamos llegado a la mitad del tiempo que nos regalan, de que esa vida que estamos viviendo no es la nuestra, que parece que a todos les gusta lo que haces, cómo vas o te comportas, pero tú ya no sabes ni quién eres.

El problema es que si no somos capaces de despertar a tiempo, para cuando llega ese momento, la sombra de la señora de la guadaña empieza a ser demasiado larga y ahí ya no es nuestro ego el que nos habla, sino nuestra conciencia diciendo: “trata de ser tú quien sonríe si no quieres que te lleve llorando porque se te fue la vida sin haberlo sido”.

Y lloramos. Porque se nos fue la vida sin haberla VIVIDO.