Un viaje íntimo de despedida.

Hola.

Sí, ya sé lo que me vas a decir, que no sabes quién soy.

Y es normal porque a veces incluso a mí me cuesta reconocerme.

Pero te hablo a ti, a ésa que un día fui.

Sólo quería despedirme.

Lo siento, pero hasta aquí llegó nuestra andadura “juntas”.

Quiero decirte que no me arrepiento de haberte conocido, más bien todo lo contrario.

He aprendido de ti todo lo que necesitaba saber para llegar a ser la que soy hoy en día, para llegar a ser realmente Yo misma.

Por eso te digo adiós. Y te doy las gracias.

Sé que lo hiciste lo mejor que supiste, pero aquello ya no me sirve.

A Mí ya no me hacen falta tus miedos, ni tus sentimientos de culpa, ni tus rencores.

Ahora soy libre. Libre para amar, para sentir, para Vivir.

No cambiaría tus veinte años por mis cuarenta y tantos, ni tu piel tersa por mis arrugas, ni tus días de fiesta por mis noches en vela. Es más, te agradezco que vivieras todo aquello de la forma que lo hiciste. Que te cayeras mil veces, que hicieras daño a otros, que fueras inconsciente, que no disfrutaras del regalo que es la vida; porque esto es lo que ha hecho que Yo sepa valorar.

Sé que tu trabajo tampoco fue fácil, que has llorado, has sufrido. Que para que yo ahora pueda Vivir, tú tenías que sobrevivir. Y en eso fuiste una verdadera experta. Créeme, no podría haberlo hecho cualquiera.

Superaste obstáculos, tuviste que aprender a perder, a perdonar, a dejar ir.

Conseguiste como nadie comprender que debías esperar a que pasara la tempestad sin luchar contra la tormenta porque sabías que eso sólo te dejaría exhausta e, irremediablemente, te ahogarías.

Te entregaste sin descanso a defender lo que creías justo.

Construiste tu propio camino a falta de alguien que te marcara uno mejor. Y fue una tarea difícil porque te pusieron muchos palos en las ruedas, tuviste que tropezar con enormes piedras que te llegaron a parecer insalvables, y encontraste muchos cruces que te obligaron a decidir. Y a pesar de todo, una vez más, conseguiste llegar a la meta.

Pero eso ya pasó. Por eso ahora soy yo quien te deja ir.

Ahora me toca volar libre y para eso debo soltar lastres.

Sólo quiero que sepas que te quise, pero ya no te necesito. Ya no tengo que defenderme ni demostrar nada a nadie. Ya no sirve pensar, sólo sentir.

Necesitaba dejar ir a aquélla que creé para amarme a mí misma, porque ésa que un día fui no soy Yo.